La cooperación internacional debe fomentar los coches autónomos

FNC-blogImaginemos un mundo en el que nos podamos relajar en nuestro coche mientras éste conduce por sí mismo. En el que las personas mayores conservan su movilidad y en el que su coche se aparca solo. Imaginemos un mundo en el que el número de accidentes de tráfico ha disminuido drásticamente.

Este mundo podría no estar muy lejos. Los 120 años de historia del sector automóvil son una sucesión impresionante de innovaciones, pero nos encontramos ante lo que podría ser el mayor paso adelante de la tecnología automóvil en la historia.

Recientes evoluciones de la conducción automatizada y “sistemas de transporte inteligente” más generalizados fueron el centro de atención del Simposio sobre el automóvil conectado del futuro en el Salón del automóvil de Ginebra, un evento coorganizado por la CEPE y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). El evento lanzó las celebraciones de marzo del 150 Aniversario de la UIT, con el tema “Innovación y sistemas de transporte inteligentes”.

En estos últimos meses, apenas pasa una semana sin que fabricantes de automóviles o empresas tecnológicas anuncien planes para desarrollar automóviles autodirigidos o autónomos. La tecnología avanza muy rápidamente y se efectúan pruebas de esos nuevos coches de California a Singapur. Lo que debemos hacer ahora es colaborar para crear la infraestructura jurídica y física necesaria para concretizar plenamente esta tecnología.

Los coches autónomos pueden cambiar la vida de miles de millones de personas y modificar drásticamente el transporte por carretera. Pueden crear desplazamientos más seguros, eficientes y ecológicos. Todo ello cambiaría radicalmente el sector automóvil mundial, que emplea a unos 50 millones de personas y representa un volumen de negocios de aproximadamente 2 billones USD.

Se podrían salvar miles de vidas. Los accidentes de carretera provocan 1,24 millones de muertos y 50 millones de heridos, a menudo graves, al año, y muchas ciudades del mundo sufren atascos crónicos y contaminación. Las dos tecnologías pueden ayudar a resolver muchos de estos problemas.

El coche autónomo tendrá una visión constante a 360 grados. Es capaz de adquirir más información y reaccionar más deprisa que cualquier conductor humano. Además, si los coches pueden comunicar entre ellos, pueden colaborar para limitar los atascos regulando el tráfico y determinando la velocidad óptima, lo que supondría miles de millones de dólares de ahorro. Por otra parte, dado que los acelerones y frenazos constantes en los atascos aumentan el consumo de combustible y, por consiguiente, la contaminación del aire, la disminución de los atascos sería muy beneficiosa para la salud humana y la lucha contra el cambio climático.

Además, los coches autónomos podrían fomentar espectacularmente la integración social ofreciendo a las personas discapacitadas un nuevo medio de acceder al mercado del trabajo y a la sociedad en general. También podrían reducir el aislamiento de las personas mayores, que podrían mantener sus contactos sociales y desplazarse fácilmente.

Ahora bien, todas esas ventajas no serán inmediatas ni automáticas. Los coches autónomos plantean tantas dudas como posibles ventajas ofrecen. Se han de tener en cuenta, entre otras muchas, cuestiones de responsabilidad, seguros, normas de seguridad, fiabilidad informática y ciberseguridad. Responder de manera adecuada y equilibrada a esas preguntas será una condición sine qua non de la introducción masiva de esos vehículos en el mercado.

Ya se están obteniendo algunas respuestas. El Foro Mundial sobre la armonización de la reglamentación para vehículos, que trabaja bajo los auspicios de la CEPE, está evaluando propuestas de funciones de conducción semiautomatizadas, tales como sistemas de pilotaje automático en atascos, funciones de aparcamiento autónomo y pilotos automáticos en autopista, que acabarán abriendo camino a vehículos más automatizados.

En 2014 se enmendó la Convención de Viena de 1968, en la que se estipulaba que el conductor debe controlar el vehículo en todo momento, a fin de velar porque las reglas de seguridad no impidieran el avance de nuevas tecnologías destinadas a mejorar la seguridad vial.

Estos primeros pasos son importantes pero queda mucho por aclarar y acordar. Varios países están lanzando proyectos de prueba de esas tecnologías emergentes porque comprenden que es esencial para mantener la competitividad de su industria automóvil. Quieren avanzar, con razón, pero no deben caer en la tentación de adoptar normas a escala nacional. Las discrepancias entre legislaciones nacionales no sólo obstaculizarían el comercio internacional introduciendo nuevos obstáculos técnicos, sino que también complicarían significativamente el tráfico internacional. Por eso es necesaria la cooperación internacional. Sólo conseguiremos concretizar todas las promesas de los vehículos autónomos e inteligentes si adoptamos normativas basadas en las normas más generalmente aceptadas y en consensos entre expertos del mundo entero. Por ejemplo, para cosechar los beneficios de la conectividad (comunicación entre vehículos o entre vehículos e infraestructuras, por ejemplo) deben desarrollarse normas de información y telecomunicaciones armonizadas para garantizar la interoperatividad y realizar economías de escala. Todavía no es así pero, afortunadamente, los medios para integrar estas futuras normas en normativas internacionales ya existen en el Foro Mundial. Esta semana la industria mundial del automóvil se reúne en el Salón del Automóvil de Ginebra, en el que los fabricantes mostrarán las tecnologías más recientes en sus mejores coches y vehículos.

Invito a todos los interesados, la industria del automóvil, las empresas de telecomunicaciones e informática y otras organizaciones de normalización a afirmar su compromiso los próximos meses y años a fin de enmendar las convenciones sobre el transporte de la CEPE para determinar el marco jurídico y las normativas necesarias para abrir camino a los coches autónomos.

Tenemos las herramientas. Esas tecnologías están a la vuelta de la esquina. Colaboremos para llevar los beneficios de los futuros coches autónomos a todos los habitantes del mundo.

 

El presente artículo es una adaptación de un artículo publicado en el blog del Secretario Ejecutivo de la CEPE, y se publica con permiso del autor. Véase el artículo original aquí.

 

Por: Christian Friis Bach, Secretario Ejecutivo de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa

ChristianFriisBachEl 9 de julio de 2014, el Secretario General nombró al Sr. Christian Friis Bach (Dinamarca) Secretario Ejecutivo de la CEPE. El Sr. Bach era Miembro del Parlamento danés y Jefe del Grupo Parlamentario del partido social/liberal danés. Fue Ministro de Cooperación para el Desarrollo de Dinamarca (2011-2013) y Asesor Especial de la Comisión de la Unión Europea para el Panel de las Naciones Unidas sobre Sostenibilidad Mundial (2010-2011). Es Profesor Honorario de economía internacional y desarrollo en la Universidad de Copenhague (2009-2014) y ha sido Profesor Asociado de economía internacional y economía del desarrollo en la Universidad Veterinaria y Agrícola Real (1999-2005).

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